miércoles, 11 de enero de 2012

Postreras confesiones

¡Oh, gravamen conmovedor, avieso orgullo!
¡Desechos dinteles! (Estoy convicto,
¡Quiero abortar de mí…!) ¡Oh vanagloria de vanaglorias!,
¡Ah, aflicción de
Espíritu y nada menos!...
¡Todo fue simulacro y el deber: Retruécano cruel! ¡Oh Jha
Yahvé del Poder remunerador! ¿Hasta cuándo…
Hasta cuándo…, hacia donde la impunidad
Del ego. Estatus de mutismo? ¡Oh! ¡Oportuna prudencia,
Prudencia, prudencia…, que da glamour a la panza,
Impresión de robustecida heredad.
¡Ay! Machacando ojos busco, recorro el alma
Otras lúbricas ergástulas, legítimas como nupcias…
¡Oh, adiestrando el tuerto al invidente, acuñando
Caudillajes del vivo anhelo de ordenar!
Pero…después de tanto…¿Así no se ejercita la crítica
Constructiva? ¿Eh? Adelante ¡Critiquemos!
¡Oh! La pompa de falsas usuras, noches bebidas,
¿La indulgencia, acaso la candidez, el arma de excluir?
¡Oh, que gabela, que gravidez vi, sobre el humano
Que soldado a sus adargas, volitivamente, del total
Exonerándose! Insomne por ecuanimidad, infame el
Arsénico que en lenguas, acaudala…!Oh y al
Comprometimiento sutil añaden! ¡Ay! Irresolutas
Las exigencias, los reembolsos, los exámenes,
Gemidos alquilados y rentas de lucidez!
Se rasgaron protocolos, se ensayó el favor. ¡Oh, de
Bruces imploré, vociferé, aborté, clandestinamente la
Fé! De discernimientos, perspectivas, integridades,
Me purifiqué ¡Oh! Besando el cielo entre muslos. Y a la
Inconsistencia de mi oligarquía entregué, para ver la avaricia
Del
Azur, asediando, incendiando ¡Oh! la intrepidez del
Avestruz bajo tierra.
Mis responsabilidades aferré y luego…
Envidié, ¡ah!, el patrimonio de
Hojarascas, el vendaval, cenizas del vástago,
Desamor que reconstruí y perdí.
¡Oh, sí! ¡Inhalaré toda amenidad y del flechazo
Insignias supremas hice! De la pereza, un itinerario sobre
La angina traspapelé hasta verla andar.
¡Cuantas nigromancias seduje,
Cuantas…! ¿Qué países, que costado, que sepulcro
Nasal con genialidad trajo a la locura hilarantes playas?
No padecieron la urgencia de mil compulsiones, sin
Que baboseara yo la próstata de sus ídolos,
Al díablo con mi extravío, estrangularé y
Digeriré la felicidad de engordar al juez y al verdugo.
Malparir el corazón es ostentar con crímenes de libertad.
El ideal salpicado de lobreguez, el otoño descosiéndose en
hojas Diáfanas. Detrás inclemencias y mas inclemencias.
¿Quién susurra? ¿Acaso del cáliz donde saboreé, delirantes
Introspecciones? ¡Oh!, ¿Adonde?..., ¿Hacia qué…?
¿Tenía aprensión? ¡Ah, tanta sed, tanta lujuria!
¡Oh mal engendro
De trasgos, te reto!, ¡Sodoma, oh Sajonia caída! ¡Oh!
Promiscua renuncia! ¿A aquellos laconismos vine,
A estos lamentos, cavilosos, mutiladores,
Torvos, no presentidos?
¡Ea, las tribulaciones bajo el talón, caen, clavándose!
Orinando esplendores. ¡Ea! ¡Que recompensa para prorrogar,
Para ejercer el complot decorosamente, ¡oh!, con
Perfidia y enseñamientos y premeditación!, ¡ah! exento.  
 ¡Ay! Aquel correr tras el viento ¡Ah, primores tras el fin!
¡Oh, pudriéndome, junto al astro, echando al fuego raíces! ¡Oh
Iluminación! Renunciar a la demencia es faena gravosa
¡Oh!
¡Propósito desgarrador…!
¡Qué benévolo golpe la pureza hizo al condenarme
Oh, de aquella, aquella
Urgencia que sufrí y gocé revolcado entre seres de la
Excecración!
Fue el preludio de ebullición inefable, todo por dilapidar
Y ya veremos..Despues de todo, ¡Ahh! Absurda, ninguna era
La indiferencia ¡ Pertinaz mitología de pretender, si de todas las
Chifladuras!
¡Oh! Todos los escapismos posibles, los panoramas todos.
¡Ay, todo fue simulacro! (Galardones efervescentes)
Se rasgó por fin el meollo, la fama. Se encarnizaron
Privanzas.
Degenerada, ¡oh, las entrañas, bullendo en ácidos tocinos,
Brincando encima de terquedades ensortijadas! ¡Inah!, que
Alguien
Me extirpe de estos abismos, ¡ah!, estas centellantes represalias.
¡Oh, vigor!, ¡oh!, que avivan perversa
Humedades!
¡Oh no! La condenación del alba esclareciendo llegó
Con dictámenes, omisiones entre vaivenes,
Náuseas, escalofríos, la contundente alucinación, ansiosa,
Depresiva, abordaje de todos los inescrúpulos inimaginables,
Era el Guernica final, fantasmagorías engulléndome hacia
La nada del Todo, cauterizado, insincero, inerte.
¡Ah! ¡Tu mar de capcioso uxoricidio demoliendo,
Golpeando duro, duro, aquí, acullá!, capciosamente
Brutal, ¡ah, por fin!, cayeron elencos. ¡Oh! Justa potestad.
¡Sembré vientos y cosecho tempestades!
Lo espero todo y nada. Postreros días:
¡Llévenme! ¡Llévenme!
¡Que de pie sobre mi cabeza espero suspenso de afanes!
¡Oh mar, trágame, trágame!
¡Oh mal de hombres!
¡Oh, God de Magod!
Si tu onda es voraz, lámele el prepucio a esta
Demencia brutal.

©Jesús Lara Sotelo
Del libro ¿Quien eres tú, Gog de Magod?








Diestro, lúbrico…?

¿! Joyador o cirujano o verdugo, que sagaz!?
¿Quién es el elegido? ¡Mujer! ¡Angel! O ¿Acaso Magod?
¿Quién con diestro jaspe y lívida seda
El esternón rasgado y de él, la aprobación?
¡¿Oh quién, magistral hurta el universo de mi ciudad,
Y como aljófares a los rediles lo destierra?!
¿Quién desangra el matiz de vida
Y tras juego psicópata, aterrado, mis versos altruistas deja,
Haciendo brotar de ellos otro recreo más
Siniestro, otra piadosa negligencia, ganas?
¿Quién ha ensangrentado estos alrededores, de aquellas
Infancias, néctar de aquel seno, el polen precario?
¿Quién cuando carezco, con desdén del mundo,
A las abominaciones mi oposición hostiga y taladra,
Y sobre el mantillo que me encubre, ¡pétalos de mognolios
disuelve!
Cuando el atávio, la presea,
El reverso del pecado en culpas: El orgullo trae refutando.
De galas encendido: El menesteroso
Espiritual privándose
De mendrugos. Y contra mi panza llena deposita su ofrenda.

©Jesús Lara Sotelo
Del libro ¿Quien eres tú, Gog de Magod?









Exhortación

Ven tu mismo, el postrimer, a quien yo recapitulo,
Tribulación drástica en sátiros tejidos,
En sapiencias ardí, mira, ardo
En ti, tardo incontables estaciones, añicos de mar.
En añadirse a las brazas que avivas tú,
Pero todavía, te sustento y en ti, ardo.
M activo perspicaz se innova en tu resentimiento,
Cólera del averno, del gehena, no de este universo.
Sin designio y exento de responsabilidad,
Subo a la enmarañada lumbre del sufrimiento,
Axiomático, de no adquirir nada eventual
Para este tozudo espíritu, donde lo acaudalado enmudeció,
Y vacilante ya para siempre, vacilante.
¿Soy yo aun el que aquí transfigurado arde,
El testaferro de la multitudinaria soledumbre?
No consigo afianzar ya dentro de las memorias.
¡Oh marcha! ¡Oh clamor! ¡Oh penitencia! ¡Oh vivir:
Estar intrínsecamente conciente de la inconciencia,
Y volverlo a intentar entre brazas! Sin que nadie me reconozca.
La espalda es una ignición bárbara que abofetea, luego de
Masturbarte desquiciado el corazón
Resignación. Resignación…¿No es lo que debo…?
¿Prórroga o toalla al suelo?. Subterfugio para refinarse.
Todo fue desgarramiento, horror,
Balbuceo.
Lo que antes te absortaba, por favor, no lo añadas a esto.

©Jesús Lara Sotelo
Del libro ¿Quien eres tú, Gog de Magod?




¿Persuasión capciosa?

¿Con qué, dime, con que pudiste contenerte?...
Te doy angostos atajos, lobregueces posesivas, la córnea
De migrañosos suburbios.
El desabrimiento de alguien que ha reparado
Impenetrable en la hora proscrita,
Te doy progenies, áspides, alucinógenos
Que seres malvivientes han cincelado en mis entrañas.
La reprimenda de reconvención atroz en el vocablo,
De magros desvaríos, dobles represiones de gozos,
Sumiso y obsoleto, subrepticio sobre hocicos
El progenitor del sadismo va,
Solo para remover…, corroídos, sucumbiendo.
Te doy cualquier afinidad que puedan retener
Mis contrahechos, cualquier ambrosia o reflujo que esgrimir.
Te doy la castidad del ser que trata, y trata, pero inmerecida
Le es; la promesa del hombre. Y en la conmiseración de
atesorarse…
Te doy ese seso de mi que he engullido,
De algún talante o modo. Visceral el sacrificio que no
Mercantiliza términos, no deporta madrigales,
Y está intocado en la zona, por tropel,
Por arbitrariedades y absurdos imprescindibles.
Te doy reminiscencias del áspero loto advertido,
Te doy confabulaciones de ti, conjeturas sobre ti,
Fidedignos y estremecedores dictámenes de ti misma.
Te puedo ofrecer mi victoria, consecuencias, la
Envidia de mis derechos, trato de prevaricarte con
Irresolución, con riesgos, con el derrotismo de
Alguien que irremediablemente te traicionara.

©Jesús Lara Sotelo
Del libro ¿Quien eres tú, Gog de Magod?







domingo, 24 de julio de 2011

Sobre la roca

He aquí la roca huracanada
y el incendio reclamando aislamiento
y la fe que germina y la burla voraz.

Acatemos la  traza del silencio
como promesa irreparable.

Los abusos de la saliva
saltan sobre la lana sumisa,
sobre el cuarzo que alguna vez
fue punta de flecha o hacha.

Mi mejilla busca refugio
en cama de hierba recién cortada.

Aprieto una herradura en la oscuridad
y luego regreso con el fulgor de los labios soñados.






Danzantes

Nardos y crisálidas y algazara
de los danzantes estirando fastuosidad.

Déjenlos caer en el retozo
como si lo que exigen fuera
un disturbio de luz.

La espalda desnuda fabrica la leyenda,
odiseas inéditas, una crueldad  entre manos
que se funde al acoso.

Obedecer es un consuelo.   
Caín bate con furia el oleaje
y la maniobra de la venganza.

¿Qué habrá en el fondo de la resignación?

El poder es insaciable.

Toda aproximación huele a fastidio
de vísceras y laureles.

El latigazo de agua invisible,
breve, ansiado, mutilador del consejo.


Deep impact

De una  urna salta el naufragio.
El barquero del Stonehenge sabe
de las jaleas de Bretaña, rema
y sopla fervor adentro de sus pulmones.

Las huidas del viento y la necrópolis de Guiza
estallando en la constelación de polvo
que profana a los deudores.

Insignias de la ventaja, desproporciones y retrocesos.

No tengo fuerzas para resignarme.

Metáforas al vuelo

Acrobacia del grito, decoración
de la piel que revive el olvido.

Sed de cuerpos sin devorar
en el destierro que divide,
en la simplezas que parecen proyectos.

Debo dibujar con palabras
el intento del oído naciente,
el eje que levanta las cosas.

No quisiera morir de un infarto
de sombras antes que termine la borrasca.


Única ofrenda

Esta es tierra de hombres enormes.
Discordias no escasean
ni galardones ni vítores que adornen
los cuatro punto cardinales.

Aquí traigo a God de Magod:
mi monstruo refrenado.
Ha vuelto implorando
la resonancia del otoño 
y ciertos escondrijos y ensueños.

En Sajonia descubro las memorias
de la humedad como la sangre
de esta clarividencia.

En los almendros hay polen despierto,
 y no lejos una charca centellante
donde navega un rey emplumado.

Lo bueno no puede ser enemigo,
ni lo supremo una simple estación.

El sacrificio es la única ofrenda
que permanece frente al péndulo
todavía distante del invierno.

Efervescencia del corno


Me he detenido a examinar
las razones del matador.

En toda saga siempre hay un matador,
una profanación que sobresale,
un exterminio de lo visible.

Distingo el corno en medio de la sinfonía,
los cornos emiten
un sonido que convoca  a los cisnes
y a los faunos y a todas las alimañas.

No renuncio al ideal de la fascinación,
ni a la viga, ni a la paja dorada,
ni al clamor de la herejía.

Los cornos soplados por heraldos
inician la expedición de la luz,
a pesar del matador de la historia,
de sus escaras y monedas desenterradas.


Elección de la fe

En secreto, el ademán no revelado.
 Sobre el empeine el hilo
 que despierta inspiración,
 la estratagema de la clemencia.

 Respirar un bálsamo de fe,
 la encomienda que aproxima naciones
 y aparta a los fisgones nocturnos.

 De regazo en regazo se arma
 la penumbra protectora
 como un dios que sostiene
 tus pupilas más allá de la fiebre,
 más allá de falsos abolengos

 He elegido lo inverosímil
 para crecer con tu mirada,
 lejos de la fermentación y el ocio.

Urgencia, devoción

Enamorado del universo arde Lezama
y la herrumbre y la consigna incisiva  
y las preguntas de las viejas raíces del flamboyán
y la exageración que perfuma las clámides
y rompe las copas en labios sosegados.

Dejo atrás el polvo del rencor
y entro en un gozo que ilumina.

Te miro para confirmarlo.

Te miro para esperar el amanecer:
Sigfrido preso en Giselle,
llueve sobre Chipre y la costa norte
y la urgencia de la devoción. 



En el envés de octubre

En el envés de octubre he abrigado
a muchas mujeres, lo mismo que patrias alternadas
bajo el espíritu del viaje.

De ojerizas y anhelos
puedo estar harto, pero callar es delito
si alguien muere pudiendo vivir.

¿Quién danza sobre mis documentos
y se bebe, hasta la locura, mi sombra?

¿El lago es seguro debajo
de los cisnes, debajo de mi mismo?

Froto la noche con cenizas
de la gran linterna
y abrigo a las mujeres que perseveran.


Dánae y la orquestación de la imagen

Escucha, Dánae, la tonada,
guárdala como sílice de salvación
y crece en la humildad.

Hora de cavar o rejuvenecer
después del asalto a la solemnidad,
al cristal nevado de la borrasca.

La orquestación sobrevive
al contorno de la imagen.

Los  detractores del enigma
son inexpertos y mueren aplastados
bajo piñatas de inocencia.

En la jurisdicción del flagelo
veo languidecer un sueño sin prudencia.

Debes saber que no hay otro perfil   
que barra los penachos dorados,
ni remolino precoz que desprenda
los alfileres clavados en el ojo del alba.

Cae llovizna en el ombligo
de porcelana, jaspeando el cabello muerto,
ámbar, sobre el heno donde duerme la caballería inspirada.

 Retoza el cuerpo del invierno,
 alarga la vértebra de añil,
 estira el cuello hasta dar
 con los cisnes, con la línea de fuego
 que contorna el peregrino rostro
 de labios apretados.
  
 Escucha el bullir nutricio del semen
 en el dolor de África,
 los arabescos del rocío.
       
 En el desdén que va juntando arrugas
 parezco el elegido de la vehemencia
 y la plegaria que se extiende  
 como un tiempo que corre descalzo.